El efecto Casimir es una fuente constante de fascinación para los físicos. Este efecto existe por la naturaleza cuántica del vacío, el cual está lleno de ondas electromagnéticas que aparecen y dejan de existir.
Si colocas muy cerca dos placas paralelas hechas de un material conductor en este vacío, las ondas largas no podrán encajar entre ellas. Por tanto, estas ondas empujarán las placas entre sí. Es la famosa fuerza de Casimir medida con precisión por primera vez en 1997.
Más recientemente, los físicos han calculado que la combinación de varios materiales distintos en diferentes formas deberían generar fuerzas repulsivas (aunque esta fuerza todavía debe ser medida).
Hoy, Alejandro Rodríguez y sus compañeros en el M.I.T en Cambridge dicen que eligiendo concienzucamente nanopartículas de distintos materiales y tamaños, las fuerzas atractivas y repulsivas de Casimir deberían conducir a una configuración estable: la molécula de Casimir, podríamos decir.
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